Cuando Cecilia Chesini Remic fue contratada por Kamarr para dirigir la comparsa, los medios de comunicación se encargaron de resaltar que era la primera vez que una mujer asumía ese rol en el carnaval de Gualeguaychú, ignorando así a mujeres que durante décadas construyeron lo que hoy se conoce como el Carnaval del País.
Postulando la poética de lo femenino como un recurso estético que da cuenta de la intervención de la mano de la mujer en la obra, la autora recorre la historia del carnaval e indaga sobre los procesos político-sociales que han invisibilizado el aporte fundamental de las mujeres al evento.
Un corso a contramano es un ensayo necesario para evidenciar cómo las prácticas de arte femenino que fusionan arte y vida son gestos de rebelión contra lo que Chesini Remic denomina cánones occidentales judeocristianos.